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La decisión de tratar una parcela: umbrales económicos de malas hierbas
27-04-20
La utilización de herbicidas como método de control para el manejo de las malas hierbas es válido, pero es imprescindible compaginarla con otras acciones para tener éxito. La decisión sobre si merece o no la pena tratar una parcela es complicada y hay que estudiar cada caso.

La decisión de tratar una parcela: umbrales económicos de malas hierbas

Para valorar la importancia e incidencia de las malas hierbas en los principales cultivos a nivel mundial, hay que saber que la pérdida potencial (en datos generales, sin atender a los casos concretos) se cifra en un 23-40 % en cultivos como el trigo y el maíz, respectivamente. Con las medidas de control esos intervalos se convierten en un 8 y 10%.

La utilización de herbicidas, como método de control para el manejo de malas hierbas, sigue siendo válido pero resulta imprescindible compaginarla con otras acciones para poder tener éxito. En general, la gestión integrada de malas hierbas debe basarse en los principios de diversificar (cultivos, labores, herbicidas y fechas de siembra), rotar (evitar monocultivo y no tratar siempre con la misma familia de fitosanitarios) y adecuar (también llamado de la “triple A” que defiende que deben usarse medidas Adecuadas, en el momento Adecuado y en el lugar Adecuado).

Las pérdidas que provocan las malas hierbas se originan por las interferencias que se generan y que reducen los rendimientos. Estas reducciones pueden ser causadas por competencia (al tener que “compartir” los mismos recursos: agua, luz y nutrientes), alelopatía (algunas plantas emiten sustancias tóxicas al ambiente que inhibe el crecimiento o desarrollo de otras plantas) y parasitismo (como es el caso de la cuscuta en la alfalfa).

Además de todo esto, también se pueden generar otros problemas como: la pérdida de calidad del producto final, que se dificulten las operaciones de cultivo, o que sean huéspedes de plagas y enfermedades.

El daño dependerá de la abundancia de las malas hierbas y de cuáles sean. Aparece aquí el concepto de umbral económico. El tratamiento debería realizarse cuando las pérdidas esperables de cosecha, por la competencia en términos económicos, supere el coste del tratamiento.

Con el análisis de los umbrales económicos se pretende contestar a la pregunta de ¿debo tratar o no?. Atendiendo únicamente a los datos económicos habría que calcular el coste del tratamiento y compararlo con el dinero que se dejaría de ingresar por la disminución de rendimiento de un determinado cultivo.

Se suele hablar del umbral óptimo económico, que es igual que el económico pero considerando no solo un año sino a largo plazo. Por ejemplo, con Avena fatua el umbral económico es: 8-12 plántulas/m2, el umbral óptimo económico: 2-3 plántulas/m2 y el umbral preventivo: media panícula presente el año anterior.

Esta teoría, que escrita en papel es relativamente fácil, se complica en la realidad cuando aparecen factores como que en una misma parcela las infestaciones de hierbas son multiespecíficas y que cada situación es particular dadas las condiciones ambientales, las malas hierbas, el cultivo actual, el cultivo (o cultivos) sucesivos y el manejo.

Vamos a ver algunas características de varias malas hierbas comunes en nuestras tierras y a conocer un poco sus potenciales:

AVENA LOCA

Hay varias especies (Avena barbata, Avena fatua, Avena sterilis subsp. Ludoviciana, Avena sterilis subsp. Sterilis.)

Una planta produce entre 100 y 1.000 semillas y su nascencia es escalonada. Según variedades tenderá a salir más en otoño-invierno (como la A. sterilis ludoviviana), o en primavera (como la A. fatua).

En este caso, las labores de volteo no son solución, ya que la semilla es viable durante muchos años y puede esperar. Es capaz de nacer desde más de 20 cm de profundidad. Normalmente no dificulta la cosecha, aunque la mayor parte de sus semillas ya maduras caen al suelo antes de la recolección.

Es una planta muy competitiva que ocasiona grandes pérdidas de cosecha. Se estima como umbral de acción 5 plantas /m2.

VALLICO

(Lolium rigidum Gaudin)

Suele nacer en otoño-invierno y responde bien a acciones como la falsa siembra. El daño que puede causar en un cereal se considera alto, posee gran capacidad de ahijamiento y rusticidad.

Tiene una resiembra natural importante, deja caer parte de las semillas sueltas, o en trozos de espiga, antes de la cosecha del cereal. El año siguiente su acumulación en los maraños puede suponer un problema.

BROMO

Hay varias especies (como Bromus diandrus Roth, Bromus sterilis L.).

Está perfectamente adaptado a nuestro clima y soporta bien la sequía, compitiendo activamente con otros cultivos. Cada planta puede producir 800 semillas.

La labor de vertedera lo combate muy bien, ya que no aguanta el volteo. En el campo estamos viendo que su nascencia es escalonada y no es raro combatir una primera generación y, si las condiciones son propicias, que vuelva a nacer otra generación en el mismo año.

VERONICA

Hay varias especies (Veronica persica Poir, Veronica arvensis L., Veronica agrestis L., Veronica triphyllos L.).

Nace preferentemente en otoño-invierno, es muy abundante y su crecimiento es rápido. Cada planta llega a producir 200 semillas. Son persistentes en el suelo y aguantan varios años sin nacer, suelen germinar si están en los 5 cm de profundidad, aunque también puede hacerlo a 12 cm. Puede ser un problema en las primeras fases del cultivo y por el efecto tapizante que puede ahogar las plántulas del cereal. Debe procurarse no dejar la semilla para el año siguiente, sobre todo si después se va a poner una leguminosa.

AMAPOLA

Hay varias especies, como Papaver hybridum L. o Papaver dubium L. Nos centraremos en la más común: Papaver rhoeas L.

Nace escalonadamente desde el otoño hasta la primavera y florece en primavera-verano. Puede producir de 15.000 a 100.000 semillas por planta. Sus semillas son persistentes en el suelo durante muchos años y suelen germinar cuando están a una profundidad de 1-2 cm. Para su control es importante conocer si las poblaciones son resistentes a sulfonilureas.

AMARILLA

(Sinapis arvensis L.)

Tiene dos periodos muy marcados de nascencia otoñal (aguanta bien el invierno si está en estado de roseta) y primaveral. La profundidad óptima de germinación es de 0,5 a 2 cm. Puede llegar a producir más de 5.000 semillas por planta, las semillas no suelen germinar todas al año siguiente (se estima que la mitad no lo hace) y tienen una gran persistencia (puede superar los 10 años). Es muy competitiva con colza y leguminosas.

CARDO

Hay varias especies que se llaman cardos, nos referimos al Cirsium arvense.

Suele presentarse en rodales, que pueden aumentar en 4-5 m al año siguiente. La mayoría provienen del rebrote de las yemas vegetativas de años anteriores. Las semillas tienen dormancia, sólo unas pocas germinan el año siguiente y mantienen su viabilidad al menos 10 años. Es muy competitiva con guisante, girasol o remolacha, es mejor combatirlo en el cultivo de cereal. Puede dificultar la cosecha al dar humedad.

MARGARITA

(Anacyclus, Matricaria, Anthemis). Hay varias especies con flores parecidas que se pueden confundir, vamos a hablar de Anacyclus por centrarnos en una.

Es competitiva con los cereales, sobre todo cuando están claros o con poco ahijado. Una dificultad añadida es que suele suponer una dificultad para la recolección y aportan humedad a la cosecha, sobre todo en las leguminosas grano, pero también en el cereal.

Una vez visto el potencial de competición y de multiplicación de algunas de las malas hierbas más frecuentes en nuestros campos, y conociendo que la agricultura no es una ciencia exacta, se entiende que atender solo al precio de un tratamiento en un año concreto para decidir hacer o no un tratamiento es una evaluación escasa que puede dar lugar a equivocaciones.

La toma de decisión sobre si hacer o no un tratamiento, sobre si “merece o no la pena hacerlo”, es complicada y hay que tener en cuenta individualmente cada caso.

Deben tenerse en cuenta muchos factores, algunos pueden ser: hojas de cultivo de la rotación, manejo de la explotación, técnicas culturales, el propio agricultor (si va a dejar la actividad agraria ese año, por ejemplo), herbicidas disponibles (o no disponibles) para cada cultivo, mala hierba a combatir… y muchísimos más factores.

Por ejemplo, en una tierra de trigo, cuya rotación sea veza-trigo-cebada, que tenga bromo (el año anterior de veza fue tratada con antigramíneo con un buen efecto, pero este año está de trigo y vuelve a tener bromo), en este caso, sabiendo que el siguiente cultivo en la rotación será cebada de ciclo largo es más que aceptable que si la infestación es media-baja se deba tratar (ese año y el siguiente).


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