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Coccidiosis en pequeños rumiantes
03-03-21
La coccidiosis es una enfermedad parasitaria que afecta a multitud de especies domésticas, entre ellas al ganado ovino y caprino.

Coccidiosis en pequeños rumiantes

Se trata de una enfermedad ampliamente difundida, causada por diversas especies del Género Eimeria y que afecta a animales jóvenes desde las tres o cuatro semanas de vida, especialmente en sistemas intensivos de producción con altas densidades de población.

EPIDEMIOLOGÍA

La infección tiene lugar a través de la ingestión de unas determinadas formas de desarrollo del parásito llamadas ooquistes, que se encuentran en el medio y desde el que llegan al animal.

Las coccidiosis en pequeños rumiantes son más frecuentes en animales criados de forma intensiva, ya que estos ocupan superficies reducidas, y el estrecho contacto entre ellos facilita la adquisición de ooquistes por ingestión. Estos ooquistes pueden provenir de ovejas o cabras adultas que presenten una infección subclínica, de ooquistes inicialmente eliminados por los propios corderos y también de ooquistes antiguos que han resistido bien el paso del tiempo en el ambiente de la granja y continúan siendo infectantes.

Entre los factores que inducen la aparición de coccidiosis en una explotación, unos derivan del parásito, otros se atribuyen al propio individuo hospedador y también ambientales que determinan las condiciones en las que se mantiene la infestación.

En cuanto a los factores derivados del propio parásito, el más determinante es la especie de Eimeria de que se trate, pues unas especies son más patógenas que otras. Cada especie de coccidio tiene una cierta preferencia de acción en una determinada zona del intestino del animal y dependiendo qué región sea la afectada, las lesiones son más o menos graves y, por lo tanto, también la gravedad de la enfermedad. Es muy importante el número de parásitos que infecte al animal. Así pues, a mayor cantidad de parásitos adquiridos por el ovino, mayores son los problemas.

Respecto a los factores dependientes del individuo hospedador, la edad del animal es determinante. Si bien los ovinos y caprinos de cualquier edad son susceptibles a la infección, van a ser los animales jóvenes los que manifiesten síntomas de la enfermedad, en particular con edades comprendidas entre las 2 y las 4 semanas de vida, aunque los primeros signos de la coccidiosis suelen verse a partir de las 4 y hasta las 7 u 8 semanas de edad.

En relación con los factores relacionados con las condiciones ambientales de explotación, la climatología, los sistemas de cría y las prácticas de manejo condicionan en gran medida la aparición de coccidiosis clínicas. Efectivamente, los animales explotados en regímenes intensivos de producción, o los que están en pastos de modo permanente, corren mayor riesgo de infestación que los animales mantenidos en áreas de pastoreo extensivo, donde la dispersión de las heces reduce considerablemente las posibilidades de infecciones intensas. Pero hay excepciones, de forma que, en ocasiones, zonas comunes de abrevaderos, comederos o lugares de descanso húmedos y sombríos se trasforman en importantes focos de contaminación intensa para los animales. Además, es importante considerar que los ooquistes tienen una notable resistencia en determinadas condiciones de humedad (camas húmedas y sucias) y temperatura y resistencia a la acción de algunas sustancias desinfectantes.

PATOGENIA

Los coccidios ejercen una acción mecánica sobre las vellosidades intestinales, destruyéndolas, esto conduce a alteraciones de la absorción intestinal por una insuficiente renovación de las células destruidas. Estas lesiones de las vellosidades provocan pérdida de electrolitos y proteínas y todo ello desemboca en la aparición de sintomatología clínica, con intensas diarreas y deshidratación.

SINTOMATOLOGÍA

Los corderos y cabritos afectados presentan mal estado general, diarrea con distinta apariencia e intensidad, desde presentaciones agudas sanguinolentas hasta crónicas. Se observan las proximidades del ano y el tercio posterior del animal manchados con excrementos líquidos de aspecto verdoso, con presencia de heces muy blandas y malolientes en el recto.

A las manifestaciones intestinales mencionadas se suman la apatía de los animales afectados, con falta de apetito que puede ser total, anemia de grado variable por la pérdida de sangre y evidente reducción de la ganancia de peso. Esto conduce a una debilidad progresiva y finalmente a la muerte de los animales más afectados, con tasas de mortalidad que pueden superar el 5% llegando hasta el 10% según los casos.

En las formas subagudas, menos graves, estos signos clínicos ceden en un plazo de pocas semanas y los animales se restablecen, especialmente si se realizan mejoras de las condiciones ambientales de explotación.

Es evidente que lo más trascendente de la presencia de coccidiosis, desde el punto de vista de la producción ovina y caprina, son las consecuencias económicas debidas a la marcada reducción de la tasa de crecimiento y las bajas de animales que se producen en muy poco tiempo.

DIAGNÓSTICO

En cuanto al diagnóstico de la enfermedad, el examen clínico de animales enfermos y la valoración de las lesiones en la necropsia de animales muertos o sacrificados puede ser orientativo para un veterinario experimentado. Sin embargo no habrá seguridad total de que se trata de una coccidiosis hasta que no se realicen análisis coprológicos que confirmen el proceso, ya que diarreas en corderos también se presentan en otras enfermedades parasitarias, como es la criptosporidiosis o bacterianas, como puede ser la colibacilosis, entre otras.

Es muy importante realizar una adecuada interpretación de los resultados de los análisis realizados, ya que hay que tener presente que los coccidios están con mucha frecuencia en los rebaños y que la sola presencia de ooquistes fecales no debe asociarse siempre con el diagnóstico de coccidiosis. Hay que valorar adecuadamente el número de coccidios presentes, así como la especie identificada para determinar la gravedad del problema.

TRATAMIENTO

El tratamiento se debe realizar a todos los animales del rebaño que convivan con los afectados, aunque algunos no muestren signos clínicos todavía.

Además de la administración de un anticoccidiósico, está recomendada la administración de un tratamiento paliativo de los efectos de la diarrea y alteraciones intestinales. Entre los anticoccidiósicos empleados, tanto el diclazuril como el toltrazurilo han demostrado ser eficaces frente a diferentes especies del Género Eimeria. En condiciones de explotación donde persista una alta presión de infección ambiental, estaría recomendado realizar un segundo tratamiento tres semanas después de la administración del primero.

PROFILAXIS

Una adecuada prevención es fundamental para minimizar las posibilidades de presentación de la coccidiosis en una explotación, como ocurre con otras muchas enfermedades parasitarias, bacterianas o víricas.

Son varios los puntos donde podemos incidir en la prevención de la coccidiosis:

  • Evitar una excesiva concentración de los animales por el riesgo de contagio directo entre ellos, dentro de las posibilidades de nuestra granja.
  • No provocar situaciones estresantes que perjudiquen al sistema inmunológico de los ovinos.
  • Es muy recomendable la separación de los animales por edades.
  • Debemos vigilar y controlar la alimentación de los animales, desde el calostro hasta los cambios de dieta y suplementos vitamínicos y minerales.
  • Realizar una adecuada limpieza de forma periódica de suelos y paredes de fácil desinfección y secado.

CONCLUSIONES

Las fuentes de infección, especialmente en el caso de los animales jóvenes, residen siempre en la elevada contaminación del ambiente de la granja (suelos, paredes, etc.), en deficiencias de limpieza y desinfección y, en particular, en el hacinamiento de los animales.

Si a todo lo anterior, se añaden factores estresantes, como cambios repentinos de alimentación, infecciones concomitantes por bacterias, virus u otros parásitos, dietas inadecuadas o con deficiencias de vitaminas o minerales, el peligro de aparición de coccidiosis clínica aumenta considerablemente.

Por todo ello debemos volcar nuestros esfuerzos en tener unos alojamientos adecuados, bien dimensionados y siempre limpios.


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