Fibra y forraje: el motor del rumen en cualquier fase productiva

De forma general, los hidratos de carbono pueden clasificarse en estructurales o fibrosos y no estructurales. En la formulación de raciones para rumiantes, la inclusión de hidratos de carbono fibrosos o fibra es esencial. No se trata únicamente de aportar nutrientes: la fibra estimula la masticación y la rumia, favorece la producción de saliva y contribuye a mantener unas condiciones adecuadas en el rumen.

Clasificación de la fibra

Según el método analítico utilizado, podemos distinguir diferentes fracciones:

  • Método Weende (relativamente inespecífico, poco útil en forrajes):
    • Fibra bruta (FB): Fracción insoluble tras una digestión ácida y posteriormente otra alcalina. Está constituida, principalmente, por celulosa. Es un parámetro habitual en el análisis de piensos.
  • Método Van Soest (más específico):
    • Fibra neutro detergente (FND): Componentes fibrosos insolubles en una solución detergente neutra. Incluye hemicelulosa, celulosa y lignina.
    • Fibra ácido detergente (FAD): Componentes fibrosos insolubles en una solución detergente ácida. Es la fracción de la pared celular vegetal compuesta por celulosa y lignina.
    • Lignina Ácido Detergente (LAD): Fracción de lignina insoluble en ácido sulfúrico concentrado.

Estas fracciones aportan mucha información sobre la digestibilidad potencial de un alimento. En general, a medida que aumenta la FAD, disminuye la digestibilidad de la FND.

Función mecánica de la fibra

No todas las fuentes de fibra son iguales. Algunos subproductos, como la pulpa de remolacha o de cítricos, aportan fibra desde el punto de vista analítico y pueden ser de gran interés nutricional. Sin embargo, su estructura física no proporciona el mismo estímulo sobre la rumia que un forraje con una longitud y estructura adecuadas.

Por ello, además de valorar la cantidad de fibra de una ración, debemos tener en cuenta su efectividad física. Es decir, su capacidad real para mantener un buen funcionamiento digestivo. Una cantidad adecuada de fibra efectiva:

  • Estimula la rumia y la motilidad ruminal.
  • Favorece la producción de saliva, que contribuye a mantener la capacidad tampón del rumen.
  • Ayuda a mantener un pH ruminal adecuado y a reducir el riesgo de acidosis.
  • Favorece unas condiciones adecuadas para la actividad de los microorganismos ruminales.
  • Contribuye a mantener la grasa de la leche. En un rumen saludable, la flora celulolítica digiere la fibra y produce ácido acético, base de la síntesis de grasa en la glándula mamaria.

Tipos de forraje

  • Según el origen vegetal:
    • Gramíneas (maíz, cebada, avena, raygrass, etc.)
    • Leguminosas (alfalfa, veza, trébol, etc.)
  • Según el método de conservación:
    • Fresco (pastoreo)
    • Heno
    • Deshidratado
    • Ensilado
    • Heno-Ensilado (técnica “Henolaje”)

Todas las técnicas de conservación conllevan cierta pérdida nutricional respecto al producto fresco. En el caso de la deshidratación, el rápido descenso de la humedad permite conservar una elevada proporción del valor nutritivo original cuando el proceso se realiza correctamente.

En Agropal, disponemos de leguminosas deshidratadas y mezclas de gramíneas y leguminosas de diferentes calidades, con un tamaño de fibra adecuado para adaptarnos a las necesidades de cada fase productiva.

Manejo del forraje en cada etapa

Recría:

Desde el primer día, es recomendable ofrecer heno de gramíneas de buena calidad a libre disposición. Al inicio, el consumo es bajo y casi simbólico, pero fundamental para el desarrollo del rumen.

A medida que avanza la recría, la relación forraje/concentrado (F/C) debe adaptarse al crecimiento, peso y objetivo productivo. Antes del primer parto, es recomendable reducir ligeramente el consumo de concentrado para asegurar un buen desarrollo de la glándula mamaria y evitar animales muy engrasados en el primer parto.

Lactación:

Durante esta fase, aumentan las necesidades de energía y nutrientes, sobre todo en animales de alta producción. Por ello, es recomendable el uso de forraje de leguminosas de calidad, que permite aportar nutrientes sin comprometer la función del rumen (aunque la proteína puede incluirse a través de otras fuentes, como la soja o el girasol).

La relación F/C debe adaptarse a la capacidad productiva y a las características de la explotación. El equilibrio en esta fase es clave. Más fibra implica menos energía en la ración y, por lo tanto, menor producción de leche, pero si reducimos demasiado su aporte, comprometemos la salud del rumen y la calidad de la leche.

Secado y preparto:

Durante esta etapa, el objetivo es mantener el rumen funcional y preparar al animal para la siguiente lactación. Se recomienda utilizar forraje picado de buena calidad.

En secado, es importante evitar un aporte excesivo de energía que favorezca un aumento de la condición corporal. En el preparto, por el contrario, debemos prestar especial atención al consumo y realizar una adaptación progresiva a la dieta de lactación para evitar que la fase de balance energético negativo (BEN) tras el parto se prolongue demasiado.

Algunos aspectos a tener en cuenta:

  • En vacuno: Las leguminosas pueden presentar un elevado contenido en potasio, lo cual puede alterar el balance catión-anión (DCAD) de la ración. Además, dietas ricas en concentrado y pobres en fibra efectiva aumentan el riesgo de desplazamiento de abomaso (mayor producción de gas y menor motilidad abomasal).
  • En ovino: Al final de la gestación, especialmente en animales con gestaciones múltiples, la capacidad de ingestión puede verse limitada al mismo tiempo que aumentan las necesidades energéticas. Una fuente de forraje de mala calidad puede contribuir al desarrollo de toxemia de gestación al verse reducida la síntesis de ácido propiónico (fuente principal de glucosa).

Cebo:

Se suele trabajar con niveles muy altos de concentrado, pero no significa que la fibra deje de ser necesaria. El aporte de heno de gramíneas o paja de calidad a libre disposición contribuye a estimular la rumia y controlar la ingesta de pienso, reduciendo el riesgo de acidosis y sus consecuencias (timpanismo, laminitis, etc.).

Para poder ajustar esa relación F/C y adaptar el manejo en granja de forma más segura, Agropal ofrece a los socios la posibilidad de analizar (análisis físico, químico y/o microbiológico) cualquier tipo de forraje en nuestro laboratorio o en laboratorios externos autorizados. Consulta con tu técnico comercial para resolver cualquier duda.

Conclusiones

  • El forraje no es simplemente una fuente de fibra. Además de aportar nutrientes, ejerce una acción mecánica esencial para mantener un buen funcionamiento ruminal.
  • La calidad importa tanto como la cantidad. Un forraje de mala calidad puede limitar la ingestión y, por lo tanto, el rendimiento productivo.
  • No existe una única ración válida para todas las etapas. Es importante ajustar la relación F/C en cada fase productiva, especie y explotación. Un buen conocimiento de los forrajes disponibles permitirá ajustar la ración y aprovechar el máximo potencial productivo de los animales.