Ideas para optimizar la fertilización del cereal y corregir algunos errores fatales

El objetivo debe ser conseguir al menos 3 euros de cereal por cada euro aplicado en fertilizantes

Para producir una tonelada de trigo o cebada, la planta necesita absorber del suelo las siguientes cantidades promedio de nutrientes:

  • Nitrógeno: 25 – 30 kg (UF N)
  • Fósforo: 8 – 9 kg (UF P2O5)
  • Potasio: 22 – 24 kg (UF K2O)
  • Magnesio: 2,5 – 3 kg (UF Mg)
  • Azufre: 3,5 – 4 kg (UF S)
  • Calcio: 3 – 5 kg (UF Ca)

Para cubrir estas necesidades del cultivo, debemos tener en cuenta la fertilidad de nuestros suelos y la eficiencia que consigamos del fertilizante aplicado dependiendo de cómo, cuándo y cuánto fertilizante aportemos.

Fertilidad de nuestros suelos

La mejor manera de conocer la fertilidad de nuestros suelos es analizándolos, y de esta manera podremos ajustar las dosis de abonado en aquellos nutrientes en los que tengamos un nivel alto de fertilidad.

Aplicar menos nutrientes de los que necesita el cultivo, tendrá como consecuencia el empobrecimiento del suelo y una baja rentabilidad económica.

En determinados nutrientes, se puede fertilizar más cuando el precio del fertilizante es relativamente barato y, a la inversa, fertilizar menos cuando es caro; pero, por ejemplo, en el caso del fósforo corremos el riesgo de tener pérdidas por retrogradación y en el del nitrógeno por lixiviación, así que lo mejor es aportar lo que el cultivo necesita cuando lo necesita.

Uno de los aspectos más importantes en fertilización es el equilibrio de los nutrientes aportados. De poco servirá aportar mucho de un nutriente (se suele hacer con el nitrógeno en cobertera, lo que resulta muy perjudicial para el agricultor que lo hace) si tenemos carencia de otros nutrientes, incluso secundarios, como azufre, magnesio, calcio (en suelos ácidos), o incluso fósforo y potasio. El nutriente que peor cubra las necesidades de la planta será el que limite la producción y condicione la cosecha.

Eficiencia de los fertilizantes aportados

Con carácter general, la utilidad (rentabilidad) de las primeras unidades fertilizantes aportadas es mayor que la de las últimas unidades aportadas. De manera que solo debemos incrementar la dosis si la utilidad conseguida en cada unidad añadida es mayor que el coste de la misma (rentabilidad). Lo razonable es quedarse un poco por debajo en función de la expectativa de cosecha, no es lo mismo aspirar a 3000 kg que aspirar a 5000 kg.

Un error fatal que algunos agricultores cometen es la bravuconería del triple cero; si les sobra dinero, que lo hagan, pero esta no es una decisión racional y el coste de llevarla a cabo es muy alto. En el intermedio está la virtud y la mayor rentabilidad.

Abonar en fondo o no hacerlo

La concentración del trabajo en la época de sementera ha llevado a algunos agricultores a concentrar la fertilización en los primeros meses de la cobertera. Esta técnica supone otro error fatal que algunos agricultores están pagando de su bolsillo. Cuando el cultivo nace, como cuando lo hace un niño, las cantidades de nutrientes que necesita el cultivo son pequeñas, pero si no las cubre, crecerá ralo, desvaído y sin futuro. Resulta crucial cubrir las necesidades del cultivo en los primeros estadios de desarrollo: al nacer, lo primero que encuentra el cultivo es una ausencia total de nitrógeno en el suelo, el escaso nitrógeno que hay lo toman los microorganismos para multiplicarse y degradar la paja; dejar al cultivo sin nitrógeno al nacer es como dejar al recién nacido sin calostros.

Durante los primeros meses del cultivo, lo más importante es la formación del sistema radicular y no lo valoramos porque no lo vemos. Un sistema radicular potente y profundo son los cimientos de nuestra cosecha. Difícilmente podremos construir un edificio robusto que supere las adversidades climáticas si no le ponemos unos buenos cimientos. Las raíces son la base de nuestra cosecha y, para desarrollarlas, la planta necesita nutrientes. El fósforo y el nitrógeno son los nutrientes principales que necesitan las plantas de cereal para desarrollar un sistema radicular fuerte y profundo durante las primeras etapas de crecimiento.

El azufre (S) y el zinz (Zn) potencian el vigor de las plantas y mejoran la eficiencia global de la nutrición subterránea. El zinc juega un papel crucial en la síntesis de auxinas, que son las hormonas vegetales encargadas de regular y promover el crecimiento radicular inicial. El calcio (Ca) fortalece las paredes celulares de los nuevos tejidos radiculares haciendo que las raíces crezcan firmes y resistan condiciones adversas del suelo, y el magnesio (Mg) es esencial para la fotosíntesis en las hojas, lo que garantiza la energía necesaria para el crecimiento de las raíces.

No aplicar al menos 100-150 kg/ha en fondo es un error fatal y se paga muy caro

La respuesta del cultivo al abonado de cobertera está condicionada por el desarrollo previo del cultivo. Una planta sin un buen desarrollo radicular nunca podrá aprovechar los nutrientes posteriores, que incluso a veces se añaden en exceso intentando arreglar lo que ya no tiene remedio.

Unas buenas prácticas de abonado, estructurando de manera racional qué cantidad aplicamos de cada nutriente, en qué momentos lo aplicamos y cómo lo aplicamos son la clave para conseguir el éxito y la rentabilidad de nuestros cultivos.

Algunos consejos para mejorar la eficiencia

  • Garantizar que el cultivo tiene en todo su ciclo a su disposición los nutrientes que en cada momento necesita.
  • Aplicar el fósforo cuando la planta lo necesita, es decir, antes de la siembra y en cobertera. Si aplicamos todo en fondo, tendremos pérdidas por retrogradación y, si lo hacemos en cobertera, la planta habrá perdido parte de su potencial productivo.
  • Las pérdidas de nitrógeno por lixiviación pueden ser muy altas, por lo que es conveniente repartir la aplicación en fondo y dos coberteras.
  • La clave de la rentabilidad no está en aplicar más fertilizante, sino en aplicar mejor: cubrir las necesidades reales con la dosis precisa en el momento adecuado para conseguir la máxima eficiencia y evitar las pérdidas por lavado o retrogradación.

El fertilizante más caro es el que se pierde; tanto el nitrógeno perdido por lixiviación o volatilización o el fósforo perdido por retrogradación.